Edición 17. Agosto-septiembre 2017

Artistas ¿cómo quieren ser recordados? 

Afortunadamente y ante el asedio sonoro de ritmos que no son tan propios a nuestros oídos o mejor, a nuestra herencia musical y quizás por la añoranza de otros que han quedado rezagados por la evolución propia de la música y de lo que pide el consumidor, algunos artistas se arriesgan a hacer la reflexión y trabajar basado en ella. Buena parte de esta edición, artículo por artículo, es un análisis de lo que en realidad los artistas quieren y por lo que quieren ser recordados. 

Peter Manjarrés, nuestro Caballero del Vallenato con Juancho De la Espriella, son hoy, con ‘Lo que tu querías: un vallenato’, los escuderos del género. Fue Peter uno de los precursores de la llamada ‘Nueva Ola’, esa que se convirtió en una avalancha de ritmos que arrastró y dejó sin rumbo  a muchos de los exponentes del género del acordeón, del vallenato sabroso, aquel que en medio de la parranda, la gente polemizaba sobre si era paseo o son. 

Esta evolución, como la queramos llamar, no es indiferente a otros ritmos, como la champeta, que intentando colocarse en mejores sitiales cede terrenos que aún no estaban cien por ciento conquistados. Pasa, tanto en vallenato como champeta, de la descendencia africana, que tienen en sus juglares y dinastías musicales sus mayores referentes para que las nuevas generaciones no pasen sin pena ni gloria y menos, sin identidad. 

De la cultura sonora africana nace nuestra identidad es por ello que hacemos un repaso recordando a maestros que deben ser más estudiados para las nuevas generaciones de músicos como Joe Arroyo que con su versatilidad recogió ritmos propios de la África, que bien supo adaptar en su llamado Joeson. 

Entendemos que hay público para todo, y Yipies se convierte en un espacio para la opinión, como siempre constructiva e ilustrativa. Nos acompaña, en este número, el saber del maestro Milton Salcedo, productor musical y pianista, quien ha trabajado en proyectos musicales de Cristian Castro, Santana, Rocío Durcal, Olga Tañón, Alejandro Fernández, entre otros, con la compañía de Kike Santander. Ha producido también para Juan Gabriel, Jhon Secada, Chelito De Castro, Chino y Nacho, Jerry Rivera, y muchos más.  Vive en Estados Unidos, es productor musical del reality show La Voz Kids y miembro del comité votante Música tropical para Latin Grammy y Jazz en Grammy Americano. 

Le damos también la bienvenida al editor y escritor Adlai Stevenson, que enriquece nuestras lecturas con sus saberes musicales, ganador de proyectos de Ministerio de Cultura y premios periodísticos regionales; a hombres y mujeres de radio, aliados todos, que responden a nuestro llamado para hacer más amplia la interpretación de nuestros contenidos. 

Edición 16. Abril- Mayo 2017

Tiempo de celebrar

Esta iniciativa de hacer una revista que fortalezca la divulgación de nuestra cultura Caribe cumple dos años. Y su nacimiento fue precisamente, y a propósito,  en el Festival Vallenato. Nos complace celebrarlo en el marco de los 50 años del evento que tiene por patrimonio este género musical.

¿Qué ha pasado en estos dos años?  nos sentimos más cerca de la identidad de la región, sus fiestas, cultura y artistas respondiendo a nuestros objetivos de ser referentes culturales a nivel de medios de comunicación y haciendo parte importante de la cadena de esta industria y la del entretenimiento.
Siempre es tiempo para celebrar, y en esta edición lo hacemos por las dinámicas de ciudades como Barranquilla, que con 204 cumplidos, le da lugar al arte en la construcción de nuevos escenarios, públicos y abiertos que le proporcionan oxígeno a una ciudad industrial; así lo hace Valledupar, que encuentra en lo cultural su potencial más grande, que recuerda a sus maestros, historias y tradiciones en monumentos y glorietas.

Aplaudimos los espacios que estratégicamente crean desde las alcaldías, que convocan los estímulos para proyectos culturales que salen de los ciudadanos comunes y corrientes que trabajan por una expresión cultural, y así las actividades que promueven la conservación de las tradiciones y de los patrimonios.

Por ejemplo, a las comunas de Valledupar son llevadas unas muestras del festival, allá llegan reyes vallenatos con toda su representación,  a enseñar sobre su folclor. Se apoyan con los presidentes de las juntas, que adecuan la parte más central del barrio para instruir a la comunidad.

Santa Marta, por su parte, también aguarda con la celebración de los Juegos Bolivarianos en noviembre próximo, la construcción  y restauración de estadios,  que tendrán parques adjuntos, obras que se suman a la oferta cultural de la capital del Magdalena.
Todas estas acciones le dan valor a nuestro trabajo y mientras que las ciudades y municipios se preparen para otorgar espacios a las expresiones culturales, y la gente esté a disposición de entrenarse, YIPIES tendrá razones para seguir cumpliendo años.


Edición 14. Diciembre-enero 2016

La invitación para el 2017

Esta última edición de año hace un tributo a acontecimientos y artistas que han enaltecido el nombre de nuestro país a través de sus obras musicales. EL 2016 celebró el vallenato como patrimonio, lo que exhorta a sus exponentes a seguir construyendo en el género, bajo un legado que dejaron nuestros juglares y termina con un concierto de buenas letras en el evento del Nobel de Paz, en el que participó Juanes en representación de Colombia.

Fue un gran año para Colombia, subieron algunos artistas, se fortalecieron otros, y nuevos entraron en la escena musical y además  la industria se hizo más fuerte, lo que permite más espacios para nuestros talentos. Esta editorial es entonces una invitación a todos aquellos que conforman y tienen de alguna manera la tarea de preservar nuestros legados culturales y musicales con altos niveles de responsabilidad y valores. Primero, a nuestros artistas,  evolucionar en sus narrativas, en los colores y matices, en la sensibilidad propia de la música. Sí se puede hacer música con contenido y ser comerciales al mismo tiempo, y sí se puede lograr que sus canciones se queden en la posteridad así como en otrora lo hicieron  generaciones pasadas.

Evolucionar es mejorar, superar lo que hubo antes. Las colaboraciones de artistas, las fusiones de ritmos, e incluso, pasar de un género a otro más universal desde la perspectiva del artista, también es evolucionar, para ganar otros mercados, seguidores y dinero.

Segundo, para los directores de estaciones radiales y de espacios musicales y programadores, deben ser los curadores de los temas que traen los artistas… ¡pues no todo les puede sonar!. Seamos capaces de censurar, basados en unos códigos implícitos sobre los contenidos que no afecten a nuestros oyentes.  Los medios de comunicación tenemos responsabilidad también, debemos ser más sensatos sobre lo que divulgamos para no hacer crecer polémicas que giran, por ejemplo, a los contenidos vulgares de una canción, que a la postre lo que hace es sumarle a las vistas y descargas en redes sociales de los artistas.

Tercero, para quienes administran la cultura, necesitamos pronto el Teatro y más espacios para otras disciplinas del arte, más televisión con contenidos culturales y documentales de región.

A nuestros lectores,  ¡gracias por acompañarnos!


Edición 13. Octubre-noviembre 2016

Las exigencias de otros

Las malas compañías, asesores, manager, o personal de trabajo pueden tirarse fácilmente el trabajo de un artista. Y esto, aunque no es nuevo se está haciendo más notorio en los últimos años, donde los que rodean a los artistas se creen o se sienten más que sus representados, exigen, a nombre de ellos cosas que su representado ni se da por enterado, y los sobreprotegen para que no se acerquen a sus seguidores.

No olvido que hace muchos años, yo escribí, refiriéndome a la gente que rodeaba a Diomedes, “ojo que están acabando con la gallinita de los huevos de oro”, y aunque muchos de los chupa-sangre que lo rodeaban, la emprendieron contra mí, el tiempo me dio la razón.

Diomedes era un artista demasiado generoso e ingenuo para muchas cosas. Es verdad que era difícil de manejar, pero con tacto, con cariño, se hubieran dado las cosas. De eso estoy segura. Sin embargo a él le hicieron daño “sus amigos” y uno que otro trabajador. En esta época, los que más dañan a los artistas, son “su equipo de trabajo”.

Años atrás, a duras penas había un manager, generalmente un amigo que se dedicaba a buscarles bailes y presentaciones, y máximo, un jefe de prensa. Diomedes tuvo el mejor, Paul Bolaños. Hoy los equipos que rodean a los artistas son, muchas veces más numerosos que sus propias bandas. Y también mucho más dañinos, en algunas ocasiones.

Ingeniero de sonido, ingeniero de luces y de visuales, comunity manager, jefe de fotografía y prensa, asistente, manager general, manager de negocios, manager personal, asistente del asistente, conductor, estilista, vestuarista….Muchos son verdaderos profesionales que trabajan en lo suyo para lograr que el artista brinde un espectáculo de lujo…Otros se comportan como sanguijuelas, con exigencias desmesuradas, con atribuciones que rayan en lo excéntrico, o con maltratos a sus colegas.

Conozco a más de un ingeniero de sonido, a quien nadie quiere…Conozco a más de un manager que nunca contesta el teléfono…Conozco a más de un manager que pide hotel cinco estrellas para un artista que vive en la ciudad que va a actuar.

Recuerdo que hace poco, para una presentación, un manager exigió jamón ibérico en el catering para el representado. Al consultarle al artista sobre la posibilidad de cambiar el mencionado jamón, el hombre dijo, “a mí, dame un chicharrón, yo no he pedido eso”, y cuando le fueron a llevar el trago, le dijo al mesero que él ya no tomaba.

Un empresario me preguntaba hace poco ¿qué hacen todos los de la disquera en el camerino del artista? y ¿por qué ellos y su manager estaban exigiendo trago y comida?

No supe que responder, pero de verdad uno se pregunta ¿por qué tantas exigencias si ellos, los artistas, llegan a un sitio cobrando una tarifa y no se demoran más de dos horas en el lugar? Al resto de los trabajadores en el mundo le pagan un salario y verán cómo se defienden.

Trabajando este aspecto con varios artistas, ellos reconocen que lo único que necesitan es el líquido, y que lo demás es o debería ser una atención que nazca del contratante. Aseguran que, las exigencias de catering, son una copia que los manager de aquí han hecho de los artistas del extranjero. O sea, esas son las exigencias de otros.

 


Edición 12. Agosto-septiembre 2016

Barranquilla necesita un teatro

El cierre intempestivo, aunque se presumía, del Teatro Municipal Amira de la Rosa, no solo deja a Barranquilla, sin un lugar apto para eventos escénicos y musicales, si no que plantea múltiples interrogantes y dudas.

Es bien sabido que el escenario “orgullo” de la ciudad estaba en malas condiciones y era, por decirlo de alguna manera, obsoleto. Se requerían urgentes trabajos en su sistema de audio e iluminación, y algunas reparaciones en su área de camerinos, pero nada podía vaticinar que su cierre se diera de la noche a la mañana, tanto que dos días después debía desarrollarse allí un festival internacional de danza, programado con anterioridad, y que a la postre se tuvo que realizar en la parte externa.

Después del cierre se anuncia que éste debe ser por tres años,  el mismo tiempo que se requiere para construir un escenario de grandes y modernas dimensiones, y como causa, solo se dan conjeturas, una de ellas es que su estructura se puso en riesgo por la implosión del Coliseo Cubierto.

Y más grave aún es que se anuncia que el Banco de la República, entidad que lo tiene en comodato por 99 años, de los cuales han pasado solo 36, asegura que no seguirá con esa labor porque el bien no es de ellos, como no ha sido nunca, a pesar de que ellos eran quienes dictaminaban las normas y cobraban por su uso, y además estaban obligados a su mantenimiento, el que poco se vio, hasta llegar al deterioro que presentaba al momento de su cierre.

Con alguna ligereza, autoridades de la ciudad han señalado que Barranquilla no se quedará sin programación cultural de altura y esgrimen que hay varios escenarios alternos. Pero eso no es cierto. Dos o tres pequeños y también obsoletos teatros de Barranquilla no pueden equipararse con el Amira y sus 999 sillas (que ya son insuficientes); el Centro de Eventos no es un teatro, en su primera fase, es un galpón de lujo para ferias; las conchas acústicas recuperadas del Sagrado Corazón o el Parque Almendra son para conciertos al aire libre, no para obras de teatro; Bellas Artes es un teatrino para estudiantes, y el Coliseo de la Universidad del Norte, es eso, un Coliseo.

No nos digamos mentiras: las administraciones distritales y la Sociedad de Mejoras Públicas dejaron el teatro a su libre albedrío o mejor dicho, al libre albedrío del Banco de la República, y las últimas administraciones del Teatro solo se preocuparon por cobrar por su uso y no se ocuparon de su cuidado. Y que no me digan a mí que lo que cobraban no alcanzaba para su sostenimiento, porque entonces yo podría concluir que hicieron una pésima gestión: nunca pusieron en alerta a la ciudad, nunca exigieron al Distrito su aporte, nunca informaron de lo “mal” que les estaba yendo.

No podemos seguir llorando sobre lo mojado, pero si podemos primero que todo, exigir una explicación real de lo que está sucediendo y segundo, ponernos en píe para exigir el teatro que una ciudad que se dice progresista, futurista, que se proyecta como internacional y competitiva, necesita. Barranquilla tiene que tener un teatro moderno con todas las especificaciones técnicas que se requieren para grandes espectáculos y con una capacidad mínima del 10% de su actual población.


Edición  11. Junio-julio  2016

El Efecto Bicicleta

Hay a quienes no les ha gustado la canción, que les parece floja, que le falta más folclor, sabor, acordeón o tambor, en fin, buena o mala y antes de grabarse, se sabía que iba a tener el éxito que estamos percibiendo. La suma de estos dos astros de la música, Shakira y Carlos Vives, ubica el tema en las primeras listas de todo, por no ser más específicos en este párrafo de entrada.

La bicicleta evoca los sueños de la infancia, el regalo por excelencia, de la época de estos artistas claro está, en el camino que les ha tocado ‘pedalear’ y ya dejado atrás. La canción es la añoranza de la barranquillera y el samario, un regalo ofrecido a nuestra cultura, paisajes y costumbres, el alcance más importante de la colaboración.

Más allá del boom mediático y de ‘la chiva’ atrás de la bicicleta y más allá de una colaboración temporal de un tema, los alcances de la canción estaban calculados. Al hacer referencia en la parte musical, acuden a un género urbano, que para el maestro Milton Salcedo “posee las características electrónicas y líricas del reguetón, un género no engendrado en nuestra tierra, y que han sido suavizadas a conciencia y reemplazadas por sonoridades y expresiones del folclor Caribe colombiano, con el alcance que le pueden dar dos artistas colombianos de tan reconocido nivel mundial, lo que se constituye en un sello y garantía al éxito”.

La inclusión tímidamente de una flauta de millo en ‘La bicicleta’, interpretada por otro colombiano, Tato Marenco, le da más de su esencia Caribe y de conocimientos para otros mercados de un instrumento que puede marcar otras sonoridades y mezclarse con otros ritmos. Vives no fue egoísta con la exposición de uno de nuestros timbres más representativos  para el Caribe y el Carnaval de Barranquilla como lo es la flauta de millo, que hace parte de nuestra riqueza cultural y que puede convertirse en tendencia en futuras  producciones musicales.

Por otro lado, Shakira y Vives, al margen de la música tienen misiones sustanciales con sus fundaciones en el fortalecimiento de ejes sociales que involucran la educación, caso Shakira, y sostenibilidad y transformación de ciudad, caso Vives. Qué mejor carta de presentación que una apuesta en una canción y en un video musical para evidenciar la riqueza de un país. Hoy el mundo sabe más de Colombia a través de un video en el que le están mostrando que aún se puede andar, a pie o en bicicleta.

… En tan solo la primera semana de lanzamiento fue número 1 en descargas digitales de itunes en 16 países, en los 50 más virales de spotify, de los más virales global de spotify, en el top Colombia de deezer y con su cover audio en youtube.


Edición 09 – enero de 2015

¿Por qué tanta alharaca?

Cosa contraria sucedió hace poco menos de un mes, cuando el Vallenato, recibió la misma proclamación por parte de la Unesco. En esta oportunidad, en vez de orgullo generalizado, lo que llovió fueron las críticas descarnadas. Algunos, incluyendo a grandes exponentes del género musical tradicional surgido de la fusión de expresiones culturales, brincaron a darle “palo” a sus mismos colegas, llegando a culparlos de todos los males que puede o podrá sufrir esta música que se apoderó del mundo y que hoy es referente del país en todo el planeta.

La crítica más feroz es que las nuevas generaciones están “asesinando” al género, en sus composiciones, la forma de cantar y los instrumentos que le han agregado al conjunto típico, olvidándose que la cultura es la expresión de las realidades y que los tiempos, el medio, las circunstancias de hoy, son muy distintas a las de hace 100 años cuando comenzaron a visibilizarse los primeros juglares.

En la declaratoria, la Unesco, entidad que se encarga de dar el reconocimiento dice que, “nostálgicas, alegres, sarcásticas y humorísticas, las letras de las canciones del vallenato interpretan el mundo a través de relatos en los que se combinan el realismo y la imaginación”. Entonces los relatos de hoy, no pueden ser los mismos de antes.

Muchos compositores de hoy, no tienen ni idea de lo que es un telegrama, y nunca han escrito una carta, porque lo que quieren decir lo envían por medios electrónicos. Muchos intérpretes de hoy, en su vida han recorrido la región montado sobre un burro para ir de una localidad a otra, porque ya hasta usan jet privados.

Los paisajes del campo, donde pocos de los que hacen música viven ya, son tan distintos hoy cuando los sembrados de algodón por ejemplo, que vestían de blanco las orillas de las vías fueron reemplazados por palma africana o explanadas secas, que no pueden ser el mismo motivo de inspiración que tuvo Máximo Jiménez hace 37 años.

¿Cuántos compositores o cantantes se han montado en un tren para ir a ver a su amada o para ir al colegio como lo hizo Escalona?, ¿entonces cómo pueden escribir de lo que no conocen ni han sentido?

Igual pasa con los instrumentos. Una caja, un acordeón y una guacharaca bien tocados suenas bueno, en un espacio reducido como los de antes, pero ese sonido no llena un estadio, ni puede “competir con los sonidos del mundo”

Entonces, digo yo, ¿para qué tanta alharaca si lo que tenemos es que sentirnos orgullosos de que reconozcan nuestra música?

Patricia Escobar


Edición 08 – diciembre de 2015

Buenos vientos

Tenemos que decir que, en términos generales, este ha sido un buen año en cuanto a producciones musicales. Tenemos que decir también que la champeta y en general la música urbana de nuestros nacionales alcanzó niveles no imaginados, y esto porque, la gran mayoría de quienes se dedican a este género

han avanzado impresionantemente en lo que se denomina puesta en escena, se han preocupado por conseguir su look personal, trabajan en propuestas alternativas, hacen mezclas, y alianzas
. Sin embargo, queda en el ambiente un sabor amargo de “conflictos” sin sentido protagonizados en la gran mayoría de los casos por las personas que rodean a los artistas de este g
énero. Nuestro consejo: Vivan y dejen vivir. La armonía y la unión logran más que la difamación y la división.
En cuanto al género vallenato, también se observaron algunas, muy pocas, diríamos aquí, reinvenciones. Se destacaron el Grupo Kavras y Churo Díaz con dos temas que sonaron prácticamente todo el año: ‘Que me beses’ y ‘La Santa’, y se consolidó Silvestre Dangond con su espectáculo especial de 360 grados. Sin embargo, un artista poco mediático como Jorge Celedón obtuvo su tercer Grammy y sigue trabajando con la misma sencillez de siempre. En este gremio quienes deben avanzar son los managers para lograr que sus artistas sean más accesibles al público, a los medios y a los empresarios.
Destacable también el surgimiento de nuevas figuras en todos los géneros y la implementación de nuevas tecnología para hacer conocer sus trabajos.
Negativo, por lo menos en la costa la falta de respuesta del público a los espectáculos y la consecuente cancelación de eventos. En Barranquilla pareciera que la preventa no funcionara y la incertidumbre de los empresarios los hace cancelar eventos dos o tres días antes.
De nuestra parte a todos los músicos y a todos nuestros lectores solo nos queda desearles unas felices fiestas y un 2016 lleno de éxitos.


Edición 07 – noviembre de 2015

Queremos más deporte y más cultura

Hemos elegido a personajes que poco o nada hablaron de la importancia de la cultura y el deporte como armas efectivas para construir una sociedad más justa y equitativa, que no presentaron propuestas concretas y viables para estimular y apoyar el desarrollo de las habilidades artísticas con las que todos los seres humanos nacemos, como tampoco lo hicieron para apoyar, fomentar, estimular y promocionar el deporte en su

integralidad.

Pero no es tarde para exigirles a ellos que sean claros y contundentes respecto a estos dos temas: la cultura y el deporte. Necesitamos políticas claras de apoyo a estas dos manifestaciones que hacen que aflore lo mejor de cada ser humano. Las escuelas, colegios y universidades deben darle importancia suprema al desarrollo artístico de los muchachos, y estimular la práctica de deportes, con beneficios para quienes se destaquen.

Las autoridades deben vigilar pero sobre todo, estimular a esa cantidad de fundaciones que en el Caribe trabajan en pro de la cultura o el deporte, y deben convertirlas en sus aliados a la hora de diseñar políticas de desarrollo y estimulo.

Desde los Concejos y Asambleas deben salir leyes que permitan que todos los niños y jóvenes puedan acceder libremente a la práctica de sus deportes favoritos contando con la asesoría de los mejores deportistas, algunos de los cuales mueren abandonados por el Estado. De esos recintos también deben salir leyes que estimulen el desarrollo artístico, reconozcan el trabajo de miles y miles de artistas que pasan por el mundo sin ninguna oportunidad, exalten la labor de los que han descollado y apoyen a los gestores que dan su vida por la cultura.

En YIPIES estamos seguros de que, si todos los que trabajan en el deporte y en la cultura, si todos los deportistas y los artistas se unen o nos unimos para exigir el apoyo a estas actividades, se logran cosas importantes. Estamos seguros que si en nuestros hogares comenzamos a estimular y valorar la práctica de un deporte o de una manifestación cultural, las cosas comienzan a cambiar en las bases, y nuestros niños y jóvenes se sentirán apoyados para exigir en los colegios y universidades que esas disciplinas no sean un relleno, si no parte importante de su proceso educativo. Y con toda una sociedad exigiendo, no hay gobierno que se resista.

Ojalá todos diéramos la pelea por una educación donde se priorice la cultura y el deporte, porque lo demás en buena parte se aprende por internet. Ojalá nuestros gobernantes entiendan que niños y jóvenes que practican un deporte o expresan su lado artístico, siempre estarán lejos de la violencia.


Edición 06 – octubre de 2015

¿Valoramos lo nuestro?

Cuando un artista nuestro triunfa en el exterior, caso Shakira, Juanes, Vives, Toty Vergara, o una mujer hermosa obtiene un triunfo, sacamos a “relucir nuestro nacionalismo”.

Pero a la hora de apoyar en nuestra cotidianidad a nuestros artistas,

a nuestros músicos, a nuestros cantantes, la puerca tuerce el rabo, y entonces somos los más extranjeristas del planeta. Aquí cualquiera que “hable raro” viene, cobra, exige, pisotea, y todos nos matamos por ir a su concierto

, por comprar su música, por bajarla, por cantarla y endiosarla y rayarla en las emisoras.

Nuestra música colombiana, tan admirada por los de afuera, ha sido abandonada por nosotros, sin muchas explicaciones o argumentos, ha sido relegada para épocas específicas y no para todo el año. Nuestros compositores, muchos muy buenos, se mueren de hambre porque nadie les quiere grabar; las orquestas han desaparecido y las que sobreviven, les toca aceptar cualquier dádiva como pago e interpretar música de otros, dobletearse y hasta permitir que sus músicos toquen para los extranjeros cuando vienen a cumplir millonarios contratos.

Las disqueras, en vía de extinción, pero aún necesarias para la comercialización, no graban música colombiana, excepto vallenatos y uno que otro artista urbano que, con el respeto que se merecen, salvo los champeteros y uno que otro que fusiona, no representan a nuestra música.
En las emisoras, contadas con los dedos de una mano, nuestra música extensa, variada, y muy buena, no se escucha. Y a nosotros eso poco nos importa.

Los empresarios no contratan orquestas locales, mil veces mejores y menos costosas que las extranjeras porque el público no responde. Ahí la palabra respeto, orgullo, nacionalismo, desaparece del mapa.

En este mes, disque del artista colombiano, donde nuestra música debería invadir todos los espacios, Yipies dedica un espacio a algunos de nuestros más destacados artistas. Obvio quedaron muchísimos por fuera por cuestiones de espacio, pero a través de los que están, queremos hacer un verdadero reconocimiento a nuestra música colombiana: la mejor del mundo.


Edición 05 – septiembre de 2015

Unidos por y en el arte

Sin embargo, creemos que son muchos porque, sí algo hay en nuestro país, es talento.

Nuestros artistas, en su gran mayoría, son personas como usted y como yo que tienen sus necesidades, que deben trabajar para vivir, que tienen sueños y aspiraciones pero que son incapaces de trabajar unidos, de luchar en bloque, de pensar en colectivo.
Hay asociaciones de todo. De maestros, de periodistas,

de
comerciantes, de jueces, de industriales, de taxistas y hasta de futbolistas que de una u otra manera trabajan por intereses comunes, o se pronuncian en forma conjunta sobre temas que los atañen y hasta de lo humano y lo divino. Asociaciones que cuando se lo han propuesto, y lo han trabajado, logran importantes cosas.

Sin embargo, los artistas son otra cosa. Salvo contadas excepciones entre los que se encuentran los actores de televisión, cada uno de nuestros artistas lleva a cuestas su silencio, o se expresa en forma individual, logrando muy poco.

El egoísmo, la falta de compromiso, y hasta los egos, son algunas de las características que impiden que los artistas se unan por una causa común, y ésto al final los convierte en personas indiferentes ante las necesidades generales, o en seres desvalorizados para la sociedad en general. Una sociedad que no entiende que el arte es la mayor expresión de amor, la mejor forma para lograr una sociedad pacífica y tolerante.

Mientras los intereses particulares primen sobre los colectivos, mientras que no se entienda que vivimos en una sociedad que necesita de la unidad para lograr objetivos, será muy difícil que nuestros artistas se manifiesten como grupos de opinión, capaces hasta de cambiar los destinos del país.

Dependiendo el número de votantes, hasta con 7 millones se elige un Presidente en Colombia, y con 5 mil votos se puede elegir un concejal en Barranquilla. Y en la capital del Atlántico hay mucho más de ese número de personas que nacieron con talento, que desarrollan su talento o que viven del talento. Y esto es solo una muestra de lo que podría hacer una unión. Llevar candidato propio y no estamos diciendo que sea un artista, sería sembrar y tener “un aliado” para lograr por ejemplo, una reglamentación que los favorezca.

Si hubiera una unión fuerte podría también lograrse que se fijen tarifas dignas que no pueden ser rotas por “colegas”. Podría haber una reglamentación que priorizara su trabajo por encima del que en nuestro país desarrollan los extranjeros. Podrían ser tenidos en cuenta como un sector que merece una reglamentación para su seguridad social y para su futuro.

Se las dejamos ahí, como decía Diomedes.


Edición 04 – agosto de 2015

¿Por qué se caen los conciertos?

La respuesta al interrogante ¿por qué se caen los conciertos? es sencilla. Por falta de dinero. Traer un espectáculo a Colombia y particularmente a nuestra Costa Caribe, resulta costoso para cualquier empresario. No sólo por el valor del artista o el show, si no por todo lo que cualquier puesta en escena representa.

Primero que todo, los pagos a los internacionales se hacen en dólares, y

esa moneda está alta. Segundo, hoy por hoy, la producción (tarima con todos sus aditamentos, luces, efectos, sonido, pantallas, circuito cerrado de televisión, cerramientos, camerinos y catering)
son cada día más exigentes. Los artistas y productores artísticos diseñan grandes cosas para resaltar y engrandecer las presentaciones.

Después vienen los escenarios, y para nadie es un secreto que en esta parte del país, carecemos de ellos. Se utilizan, cuando los prestan, los pequeños estadios o centros deportivos con los que contamos, cuya capacidad no excede a los 10 mil espectadores entre los sentados en zona vip, los de gradería y los que van de pie.

A todo esto hay que sumarle los costos de seguridad, salud, logística, impuestos, tramitología y demás, que en ciudades como Barranquilla son bastante altos y dependen básicamente del número esperado de espectadores. No se puede olvidar lo que hay que pagar por boletería y publicidad.

Adicional a ésto, o antes que ésto, es necesario recordar que además del pago por presentación, el desplazamiento de un artista, requiere de tiquetes aéreos para él y su equipo. Y no es solo un cantante y su banda. Agrupaciones como la de Marc Anthony, viajan con casi 30 personas a las que hay que darles tiquetes, alojamiento, viáticos y garantizar su desplazamiento interno y algunas exigencias especiales. Los reguetoneros que, aparentemente son tres personas, por lo que se ve en tarima, viajan hasta con 15 técnicos, asistentes, acompañantes. Todo pagado en dólares.

Para saber cuánto puede costar la boleta, la suma de todos esos gastos se divide por el número de asistentes esperados y da un valor que pocos están dispuestos a pagar. Entonces se diseñan las zonas vip, las que hay que adecuar con mesas, sillas, manteles, divisiones físicas y ofrecerles un gancho como por ejemplo una botella de licor.

Con esta información se buscan los patrocinios para, primero, abaratar boletas y después, obtener una ganancia porque es claro que, los dueños de espectáculos no son “hermanitas de la caridad”. Y los sponsor no funcionan para nuestra Costa Caribe o son siempre los mismos y les toca repartir el presupuesto entre varios espectáculos o eventos que les garanticen el retorno de la inversión o una buena imagen.

Para colocar un ejemplo de lo inmanejable que es la cuestión de costos por esta parte del país, habría que decir que la agrupación Los Tigres del Norte que se presentarán en Bogotá tiene localidades de $8.371.000 (palco para 10 personas), hasta $134.000 en gradería. ¿Cuántos barranquilleros estarían dispuestos a pagar estos precios de boleta?

A sabiendas de estos costos, algunos empresarios se confían y comienzan a hacer la publicidad, después tratan de bajar al máximo las exigencias de los artistas y se encuentran, como en el caso de Chayanne, que estos no acceden. Y dejan a los seguidores con los crespos hechos.

Patricia Escobar


Edición 03 – julio de 2015

…y cómo es el negocio?

Lo cierto es que no existe un manual que consagre al éxito, que les asegure posicionamiento nacional y conquistas de mercados internacionales. Para muchos artistas ya no es necesario tener disquera ni mantenerse en la dinámica de producir discos cada seis meses o

un año.
Suena paradójico, pues para los entendidos todo se pega en la radio, y en el 90 por ciento de los casos así es, en el resto de los casos puede pasar como el fenómeno ‘Vivo en el limbo’ de Kaleth Morales, que sonó primero en discotecas y después llegó a las estaciones radiales debido a la gran aceptación de una masa de jóvenes que logró posicionarlo.

Yo, que me enseñé a escuchar música por la radio y a leer en papel, me cuesta algo de trabajo ajustarme a muchas tecnologías que permiten descargar música a través de plataforma digitales. Esto se ha convertido en poco tiempo en un sistema aliado para los artistas y para el negocio de las disqueras en pro de obtener regalías accediendo a otro sistema de pago del tradicional formato físico, cd o dvd.

Así podemos mencionar, como caso local a la barranquillera Coco Jadad que en 2013 fue número uno, siete veces, en las listas de Itunes con su tema ‘Overdose of the heart’, sin disquera y sin haber sonado en radio.

Este análisis para explicar que la industria de la música se diversificó. Que todo artista puede ser dueño de su destino más allá de sus esfuerzos de sacar canciones para “uniformarse” y parecerse a las del artista de moda como marca la tendencia.

Último apunte:

Existen estudios que demuestran el aumento de las descargas de canciones a través de las plataformas de distribución y comercialización de música. El negocio lo tiene Spotify, AppleMusic y artistas de la talla de JayZ, Beyonce, Madonna y Alicia Keys se han rebelado ante estas plataformas, desafiando al actual sistema de escucha de música sin posibilidad de descarga. Juntos presentaron un nuevo servicio en el que los accionistas son los propios músicos.

Katia Díaz Silvera


Edición 02 – Abril de 2015

Lo reconozco, perdí mi apuesta

Todavía hoy, cuando esta música, y la que llamamos urbana para agrupar una infinidad de sonidos invade todos los rincones de la geografía nacional y hasta mundial, me sorprende el éxito, la cantidad de adictos y participantes, y su permanencia en el tiempo, hasta el grado de que, se han abierto emisoras especializadas en e

lla.

Lo peor de todo es que a fuerza de escucharla, de ver a tantos jóvenes tratando de abrirse camino en este competitivo mundo, y hasta de trabajar con figuras como Don Omar, Daddie Yankee, Nicky Jam y otros, ya hasta he comenzado a aceptarla y disfrutarla ¿la fuerza de la costumbre?

Pero me resisto a creer que todo lo que se hace amparado en este rótulo se pueda llamar música, y que a todos sus intérpretes se puedan llamar artistas. Por lo menos, muchas propuestas no compaginan con la idea que tengo de ella.

Nací y crecí escuchando toda clase de melodías, donde siempre habían músicos ejecutantes, cantantes que se preocupaban por mantener un estilo, compositores, arreglistas, mezcladores y un “ejército” de profesionales, unos mejores que otros, por supuesto, pero siempre un ejército estudioso con la misión de unir piezas para bailadores o escuchas.

Crecí con el concepto de que la música es el arte de dotar a los sonidos y los silencios de una cierta organización para producir en quien la escucha resultados agradables a su oído y hasta en su alma.

Reconozco que, no necesariamente lo que es agradable para mí, lo tiene que ser para otros. Y uno echa la película hacia atrás y no pude olvidar que cuando comenzamos a escuchar rock, a nuestros padres les parecía desastroso e infernal, y el buen rock todavía hoy se mantiene.

Pero yo siento que a ese género musical nacido también en las barriadas no le fue fácil abrirse espacio, como si lo ha sido la música fácil de hoy, y siento también que, aunque en esas bandas, el número de músicos ejecutantes se disminuyó con relación a los de las grandes orquestas, guitarristas, bajistas y bateristas pudieron expresar todo su talento. También lo hicieron compositores, arreglistas e ingenieros.

Hoy salvo algunas excepciones y algunos esfuerzos y propuestas destacables, en mi opinión, lo denominado urbano es más bulla que música, más anarquía que armonía, más fantasía que realidad.

Patricia Escobar J.


Edición 01 – Abril de 2015

BIENVENIDOS!

Esta es una revista pensada por años, trabajada con amor y entusiasmo que servirá para ubicarnos en el tiempo y el espacio. Yipies es, como su nombre en inglés lo específica, un sistema de posicionamiento global (GPS) que permite localizar la posición de un objeto, una persona o un vehículo con una precisión hasta de centímetros. Claro, aquí vamos a determinar, el mundo del espectáculo

en el Caribe colombiano.

Dos mujeres, periodistas y amigas, con trayectoria en estas lides, Patricia Escobar Jaramillo y Katia Díaz Silvera, nos volvimos a reencontrar para emprender este proyecto independiente, el que abrimos desde hoy para el servicio de todos. Contamos con una red de periodistas en los departamentos de la Costa Caribe, donde circulará Yipies Revista, que seguramente encontrará en todos ustedes, nuestros lectores, las personas que nutran nuestras páginas. Estaremos en la búsqueda de noticias, de lugares, de acontecimientos, de notas de interés.

El tema destacado de nuestra primera edición es el Festival de la Leyenda Vallenata, sin lugar a dudas, el acontecimiento musical más importante del Caribe colombiano, en el que se mantiene viva la tradición y donde, para los espectáculos en tarima, hay espacio para otros géneros musicales y otros artistas diferentes a los que se interpretan con el acordeón.

Bienvenidos entonces a Yipies Revista, esperamos llenar sus expectativas y contar con su apoyo.

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