Por Juventino ojito
ojitojuventino@gmail.com

La celebración de la Navidad tiene un origen religioso, no obstante el tenor que le rodea, en los dos últimos siglos se ha mezclado con la tradición de la convivencia familiar. De allí la inmensa popularidad de esta celebración fuertemente impulsada desde la mercadotecnia y en la cual también juega un papel importante un factor adicional: la música, como producto cultural.

Los mensajes inmersos en el repertorio musical tradicional navideño, son ingredientes necesarios, y obligados, en esta celebración.

Año tras año escuchamos canciones que parecen imperecederas; que se transmiten de generación en generación. Cada vez que son ̈desempolvadas ̈, y aparecen ̈al aire ̈ en las emisoras de radio tradicional, o en los diferentes medios y plataformas de música de hoy, anuncian con sus notas, con sus voces y sonidos, la llegada de una época diferente cargada de emociones; de sentimientos; donde se combinan expresiones y manifestaciones de todo tipo: nostalgia, alegría, o tristeza.

En todo el Caribe colombiano, donde somos más dados a la celebración, el ambiente se impregna de un generalizado estado emotivo, especial, que se acentúa progresivamente desde el mes de noviembre con cada ̈sonada ̈ de las canciones navideñas: de la Sonora Matancera, Diomédes Díaz, Joe Arroyo, Guillermo Buitrago, o de la Billos Caracas. Canciones que con sus aires contagian nuestra gente, tocan fibras sensibles, hasta llegar a un estado de euforia colectiva el último día del año a las 11:55 pm; en ese momento siempre suena la voz y el acordeón magistral de Aníbal Velásquez en cuanto radio, Pick Up, equipo de sonido casero, celular, o cualquier otro dispositivo de audio, interpretando la famosa canción ‘Faltan cinco pa ́ las doce’ de la autoría del venezolano Oswaldo Oropeza.

“Faltan cinco pa ́ las doce, el año va a terminar”. Reza la canción.

¡Y preparémonos, de una vez, para los carnavales!.Bendita música.

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